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Sekiro: Shadows Die Twice Review

Videojuegos
9.5

Sobresaliente

Fue hace una década cuando una exclusiva de PlayStation 3 con el nombre de Demon’s Souls, se lanzó con la mínima fanfarria. Este era un juego del tipo RPG de acción en tercera persona de estilo occidental en donde veríamos caballeros con armadura y dragones escupe fuego. Este lento inicio se convirtió en una espiral que fue atrayendo a una comunidad de fans bastante sedienta y extasiada por más.

La energía que alimentó a los primeros peregrinos de los Souls ofreció un elanzamiento significativamente más fuerte para marcar el nacimiento de Dark Souls, un juego que desde entonces ha construido un imperio que se respalda en streamers de FB, Twitch, YouTube, así como podcasters que emplean mucho de su tiempo en deshilachar cada pista e información que alimenta el lore del universo brindado por FromSoftware, seduciendo así a un público que ahora pone sus adoloridas manos en Sekiro: Shadows Die Twice.

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Discutir que Sekiro está ausente de su linaje es prácticamente absurdo. De alguna manera este nuevo título es una combinación de Souls y de algo nuevo que se aleja de lo conocido. En ese sentido, la unión de ambos conceptos nos retan a encontrar diferentes elementos que From Software nos ofrece aquí, probablemente los más experimentados veremos cómo todo va tomando forma hacia algunos aspectos más familiares de los títulos anteriores. Del mismo modo, los no iniciados deberán pagar “el derecho de piso” y cumplir con el mismo reto pero en sus propios términos.

Entonces, en ciertos aspectos, Sekiro: Shadows Die Twice es el juego Souls más ambicioso y accesible que se haya creado, intenciones que lo empujan con firmeza más allá del fan service que reunió Dark Souls 3 y que lo coloca como un auténtico momento decisivo en los juegos contemporáneos.

Una vez más, recurrimos a una historia entretejida de a pocos aquí, los feligreses pueden abrir sus libros al cuento de Artorias the Abysswalker, uno de los personajes más queridos de la serie Souls, un caballero con un brazo deshabilitado que defiende firmemente el camino de la destrucción de los ignorantes, sacrificándose a sí mismo para salvar a su compañero lobo. Similar al protagonista titular en Sekiro, el brazo del Lobo es cercenado durante el prólogo y luego reemplazado por el Escultor con una “prótesis shinobi”, una extremidad mecánica de retazos que le otorga un gancho de agarre y una variedad de accesorios intercambiables.

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Con ello ya podemos distinguir varias diferencias. Sekiro es un juego donde el protagonista es mucho más ágil que cualquier otro personaje de la franquicia Souls, esta vez nos encontramos con un hábil guardián que se comprometió a rescatar y proteger al joven Lord Kuro, y con ese fin ahora se encontrará sumido en una batalla mortal con el clan Ashina y dotado de sangre inmortal, que si bien puede parecer una ventaja, por momentos coquetea sutilmente con la más grande de las maldiciones.

Todos los juegos de la franquicia Souls siempre han tenido que lidiar con temas de inmortalidad, con la intención de que sea funcional para la historia y que, al mismo tiempo, se integre en las mecánicas de juego. Es así que te verás obligado a revivir incontables veces a tu personaje cada vez que pruebes el ácido sabor de la derrota. Si bien este práctico aspecto siempre se ha incluido en la narrativa, Sekiro lo aprovecha más a fondo e incluso más íntimamente que cualquier otro.

Kuro infunde su don inmortal al personaje principal para potenciar su tarea, una elección que provoca la ira de otros personajes que son parte del drama. Poco a poco, la trama dominante del juego comunica cómo el poder de la inmortalidad atrae la presión, la amargura y la desesperación entre sus principales poseedores, de una manera que se siente más reflexiva y concentrada que los títulos anteriores de From Software.

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Volveremos a la historia en breve, pero por lo pronto describir la jugabilidad de Sekiro, momento a momento, es esencial para distinguirlo de otros títulos Souls y, en realidad, de cualquier otro juego en el mercado. Los conceptos básicos requieren una inversión completa en el combate, internalizando el parry y, dominar las maniobras de defensa y el cronometraje, son requisitos básicos para tener éxito,  incluso al momento de enfrentar a los enemigos más débiles.

La prótesis shinobi otorga algunas muy convenientes armas secundarias, una de ellas puede darte una lanza, shurikens o lanzallamas, así como opciones más esotéricas como la teletransportación en medio del combate, pero “la carnecita” de Sekiro: Shadows Die Twice se centra en la misma katana que pudimos blandir al inicio del juego. Nuestra espada puede infligir daño, defensa y convertir los ataques enemigos contra ellos. Pero na da de eso tendría valor si dejamos de lado la importancia de la precisión del bloqueo. Un medidor de postura se llena continuamente cuando tus bloqueos carecen de la precisión requerida y, aunque se regenera eventualmente, un medidor completo te dejará totalmente expuesto a los ataques enemigos.

El equilibrio está en cómo funciona esta mecánica en ambos lados, ya que los enemigos también poseen una deuda con sus propios indicadores de postura. La mayoría de los encuentros requieren una comprensión muy interiorizada de este intercambio; en otras palabras, cuanto más tardes en romper la guardia de enemigos básicos, posiblemente no estés teniendo un buen desempeño con la defensa.

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Al comienzo del juego, y en su extenso y salvajemente desafiante final, los enemigos deben ser despachados rápidamente, ya sea a través de duelos o asesinatos sigilosos. Integrado con la formula Souls, Sekiro aprovecha igualmente el estilo de aproximación con sigilo, invocando así elementos y recuerdos a Tenchu ​​y al sacrosanto clásico de PlayStation 1, Bushido Blade; el primero genera un eco cercano cuando nos colgamos de las paredes mientras planeamos nuestro próximo asesinato, mientras que el último respalda los ataques y los one-hit kills que son parte de los más feroces duelos dentro de Sekiro.

Si bien no necesariamente se trata de algo como Metal Gear Solid, una parte notable del juego requiere una cuidadosa eliminación de manadas de enemigos a través del sigilo. Es aquí donde Sekiro se tambalea ligeramente, con un comportamiento del enemigo nunca tan brillantemente realizado como en su combate de espadas, además que las luchas en grupo son casi insostenibles.

Particularmente, los enemigos basados ​​en proyectiles y disparos no parecen operar al mismo nivel que el resto, basta marcharte obstinadamente desde distancias extravagantes o ignorándolos rápidamente después de ocultarte detrás de una pared por un momento. Además, la magia del juego sigiloso continúa disipándose ligeramente con una IA enemiga que generalmente no está interesada en investigar a sus compañeros muertos, lo que facilita las cosas a expensas de este ingenuo comportamiento.

Estas cuestiones son absolutamente menores ante las numerosas fortalezas de Sekiro. Por un lado, el diseño de nivel es fascinante, con áreas interconectadas de manera serpentina llenas de peligros y con espacios masivos abiertos que invitan a los jugadores a entrar en escaramuzas desde múltiples ángulos de enfoque. Hay secretos, y NPCs ocultos, trucos para la movilización, además de atajos para acelerar nuestra recorrido a través de las diferentes áreas.

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La mecánica del gancho de agarre es precisa y estimulante, lo que permite que los jugadores salgan disparados a través de los acantilados y, a veces, incluso escapar de complicados retos para tomar un respiro y entrar nuevamente a la acción; enemigos posteriores serán capaces de perseguirte hasta los puntos de escape, algo que definitivamente causa sensación de pánico y temor por tu vida y tus preciados puntos de experiencia.

La historia de Sekiro se desarrolla durante ese crepúsculo único entre las estaciones de otoño e invierno, un concepto visual único que agrega elementos encantadores y distintivos a cada área, ayudando a distinguir sus elementos más tradicionales (como las históricas pagodas japonesas, tejados, castillos y almenas del período Sengoku) al agregar un estilo con elementos sobrenaturales.

La atención meticulosa de Miyazaki parece presentarse en cada molécula del juego y así otorgarle a todo un mayor significado. El regreso del equipo de FromSoftware al folklore japonés (anteriormente explorada en juegos como Kuon para PlayStation 2 y la serie Otogi para Xbox), está muy lejos del setting explorado en sus últimas producciones. Con la franquicia Souls, los elementos RPG occidentales fueron reorganizados, incluso deconstruyéndose en el sentido que dejaban atrás los temas llenos de virtudes heroicas, centrándose en la tragedia y la arrogancia. Sekiro: Shadows Die Twice, por otro lado, se siente algo más orgulloso y serio, haciendo que todos los riesgos de viaje se sientan más personales.

Repasando la lista de cosas que este juego hace de manera diferente nos encontramos también con la banda sonora. Si bien siempre hay piezas distintas que recordamos con cariño en cada juego de Miyazaki (principalmente durante las peleas contra jefes), el OST de Sekiro está repleto de cuerdas dramáticas, tambores kumi-daiko y una explosión más o menos constante de música que acompaña a cada flauta y puñalada. Se suma al gran un número estándar de agudos efectos de sonido que dan a los exitosos asesinatos ese peso gratificante necesario. Además que se siente de alguna manera apropiado experimentar el juego utilizando el audio japonés.

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Como uno de sus movimientos más revolucionarios, Sekiro no contiene absolutamente ningún sistema online. No hay sarcásticos mensajes en el suelo, no hay jugadores fantasma, no hay PvP o cooperación. Sí, eso significa que también tiene la importante distinción de una función de pausa que funciona completamente, y se siente incuestionablemente extraño interrumpir la batalla contra un jefe para atender el celular o ir a buscar una taza de café.

Al considerar que la trama en juegos como Demon’s Souls o Dark Souls invocan consecuencias narrativas con los elementos multijugador (combates e invasiones), el jugador en Sekiro es un literal y figurativo “Lobo solitario”, asumiendo las responsabilidades por nuestra cuenta y haciendo todo lo posible para mover las piezas del tablero de la mejor forma posible. Esta atención a la historia y la mecánica hace que el componente multijugador nunca haga falta, además hay que considerar que hay una técnica adquirida más adelante que permite la posibilidad de reclutar alguna ayuda ocasional en batalla.

Desafortunadamente, es posible que desees de más ayuda para luchar contra los muchos impresionantes jefes, varios de los cuales son los más brutales con quienes me ha tocado luchar hasta la fecha. Además, subir de nivel es más esotérico y menos vulnerable al abuso y al farmeo que cualquier otro juego Souls que le precede, y requiere elementos y artefactos especiales para aumentar la postura, la salud y el poder de ataque, un sistema que definitivamente pone limites al exceso de la nivelación.

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Para aquellos jugadores que una vez concentraron sus horas en farmear enemigos con el fin de subir de nivel de manera más efectiva para hacerle frente a un jefe difícil, o para aquellos que nunca hubieran vencido a Lothric y Lorian sin la agradecida ayuda de un socio en cooperativo, rara vez existe una tarea fácil. Del mismo modo, para aquellos que lucharon docenas y docenas de veces contra Lady Maria of the Astral Clocktower en Bloodborne, solo para dominar su conjunto de movimientos y el timing de sus ataques, entonces Sekiro fue hecho absolutamente para ti.

Algo curioso se centra en que parte del culto a la franquicia Souls se basa en el gran potencial de experimentar con la construcción de personajes. Esto implicaba la la creación de estructuras temáticas específicas basadas en una gran cantidad de piezas de armadura, armas y demás. Sekiro no tiene ninguna de estas cosas, no hay creación o nombramiento de personajes, ni armadura, ni armas discretas, aparte de la gama de herramientas de prótesis shinobi de uso limitado y habilidades de combate.

Dicho esto, la falta de multijugador, mencionada anteriormente, tampoco otorga audiencia para mostrar estos elementos de creatividad. Todo está relacionado con los temas del juego, pero también significa que el viaje es algo solitario en ese sentido, lo que agrega un sabor significativamente diferente, y es posible que algunos veteranos de los títulos anteriores sientan una gran tristeza por estas ausencias.

Para cerrar, me quedo con la idea que en una época en la que casi todos los lanzamientos triple A buscan un componente de juegos como servicio, con funciones multijugador o rutinas de saqueo y loot que prometen personalización cosmética obteniendo ganancias financieras fiables, Sekiro existe y vive de una manera muy distinta y ligeramente desinteresada con la cultura actual de juego. Su comunidad, que carece de competencia y colaboración dentro del juego, deberá conectarse únicamente a través del boca a boca, gameplays, foros, publicaciones de blogs, canales de Discord y videos tutoriales. Y eso nos brinda una sensación muy old school que no sabía que extrañaba. Sekiro: Shadows Die Twice no es para todos, y puede enloquecer a ciertos jugadores con su desafío incesante, pero también quiere que tengas éxito, y recompensa a su audaz público con una satisfactoria historia y un mundo maravilloso por explorar.

Esta reseña fue escrita luego de jugar una copia digital de Sekiro: Shadows Die Twice para PlayStation 4 brindada por Activision.

Good

  • El sistema de combate, en comparación a los otros títulos de From Software, era necesario para revitalizar una fórmula que ya se sentía algo desgastada con Dark Souls 3
  • Los combates contra enemigos y jefes pueden llegar a ser realmente retadores, por lo que exige realmente toda la habilidad de los usuarios para encontrar la forma de superarlos
  • La historia que se construye es realmente íntima, brindándonos un espacio para empatizar con el personaje
  • Todo el sistema de la prótesis está muy bien implementada y, junto a las habilidades, brinda una gran diversidad de ataques para tu personaje, dejando de lado el sistema de progresión clásico
  • El diseño de los niveles, los mapas, enemigos y personajes todo está magníficamente planeado y se nutren del ADN de Miyazaki

Bad

  • Complicado buscar un punto negativo, pero si de quedarme con alguno es con la IA artificial de los enemigos cuando decides acercarte en modo sigilo. Que si bien puede ser un tema de Game Desing, su actitud tonta rompe con todo lo presentado con el juego anteriormente

Summary

Sekiro: Shadows Die Twice es un título bastante retador y gratificante. Del mismo modo, cambia lo suficientemente la fórmula para que aún puedas encontrar elementos familiares a los anteriores juegos de From Software, pero con grandes cambios para que todo se siente realmente novedoso, místico e intrigante. Me faltan palabras para expresar lo mucho que recomiendo este juego.
9.5

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